¿ESTOY DEMASIADO VIEJO PARA CAMBIAR?

Hace algunos días discutía con mi padre sobre su concepto de la vida. Me decía que de niño siempre quiso ser arquitecto, para construir rascacielos y grandes puentes alrededor del mundo. Me contaba su historia de cómo había sido criado por mis abuelos, y como había conocido al amor de su vida, mi madre.  Tuvo una educación poco sólida en el colegio, fundamentada únicamente en conceptos tradicionales y académicos, en donde él se destacó en materias de geografía y dibujo, pero siempre muy desbalanceado por las matemáticas.

A sus 20 años comenzó a estudiar una carrera en Tecnología Industrial en la mejor universidad pública de la ciudad; algo bastante alejado de lo que él hubiese amado hacer en la vida. Mis abuelos no tenían los recursos económicos suficientes para pagarle estudios fuera de la ciudad, en la carrera que él quería, que era Arquitectura. Pero lo más importante era que él hacía parte de un sistema educativo que iba en dirección contraria a sus más grandes deseos.

Después de casarse con mi madre y tener a 3 hermosos hijos, las responsabilidades fueron creciendo, pero su trabajo se fue estancando, y fue pasando de una posición a otra, intentando crecer en posición, salario y condiciones laborales. Todo esto solo con la intención de poder mantener de la mejor manera a su familia.

Fue así,  como una ola de mar, creciendo con el tiempo, pero alejándose más y más de su sueño, hasta llegar a un punto sin retorno, en donde ya no tenía salida. Estaba lleno de deudas, con unos hijos muy inquietos que se metían en problemas en el colegio, la casa hecha un desorden,  la relación sentimental con mi madre en deterioro, entre otras cosas.

Es ahí donde te preguntas, ¿Que has hecho con tu vida?… Pero eso no estaba entre los planes de mi padre. Él solo hizo lo que pensó que era lo correcto.

Yo escuchaba su historia y me parecía asombroso la forma en cómo había sido educado. Hoy en día seguimos con esos mitos tradicionales. Yo no lo culpo, al contrario, lo entiendo, y sé que esto es algo que ha venido pasándose generación tras generación, desde nuestros antepasados. Mi padre, un ser humano increíble, con miles de cosas buenas, me hace replantearme la vida y preguntarme a mis 30 años de edad. ¿Que estoy haciendo con mi vida?

Nunca es tarde para cambiar. Nunca es tarde para tomar una decisión ¿Por qué siempre nos estamos poniendo excusas para no salir de esa zona de comodidad y placer falso?

Hace unos días escuche la historia de una señora que a los 70 años de edad se recuperó, después de sufrir de leucemia y casi perder la vida. Fue abandonada por sus amigos, hijos y nietos. Al salir del hospital tomo la decisión de cumplir su sueño y recorrer el mundo, ayudando a la gente que más lo necesitaba. Ese siempre había sido su sueño, pero las circunstancias de la vida y sus propias decisiones nunca se lo permitieron.

Estaba atada a una rutina de trabajo infernal, que le cortó sus más preciados deseos. Y solo cuando la muerte estuvo cerca pudo reaccionar, y darse cuenta del verdadero valor de la vida.

¿Por qué tenemos que esperar hasta nuestro lecho de muerte para despertar y encender esa llama en nuestro corazón sobre lo que es la vida?

¡A mis 30 años hoy tomo una decisión definitiva!

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Mi padre y yo hace unos 28 años

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